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Futuros académicos indígenas

anteojospoliticos
10 oct 2024
3 min de lectura


Imagen creada por ChatGPT al pedirle un académico indígena boliviano


Por: M. Ajhuacho


El 11 de abril de 2010, el periódico “La Razón” publicaba un reportaje titulado “Futuros Generales Indígenas” [1]. En síntesis, el reportaje abordaba como novedosa la próxima graduación de cadetes indígenas en el Colegio Militar, un hecho que no había ocurrido antes. Bolivia es un país con mayoría indígena entre su población, por lo que el hecho de que hasta 185 años después de su fundación la población indígena no pudiera ser parte activa de los altos estudios militares en el país es, cuanto menos, llamativo.


No es objeto de este escrito reflexionar sobre la inclusión de la población indígena en las Fuerzas Armadas [2], sino plantearnos la pregunta de si este es el único espacio relevante donde la población indígena no tenía acceso dentro de la sociedad boliviana. Quizá las Fuerzas Armadas sean el espacio que más llamó la atención sobre este fenómeno de exclusión —lo suficiente para escribir el mencionado artículo—, pero definitivamente no es el único espacio.


Desde 2015 hasta la fecha, he sido parte de la universidad boliviana como estudiante a través de dos diferentes pregrados y un diplomado en tres facultades distintas, y he visto de cerca el círculo de académicos investigadores que forman parte de la universidad. Entiéndase como académicos investigadores a los docentes dentro de la universidad que, por tradición (docentes con doctorado o investigadores comprobados a través de publicaciones) o por función (investigadores contratados por la universidad), encajan en ese rol dentro de la sociedad universitaria. Cabe señalar que no todos los docentes de la universidad son parte de este círculo de académicos investigadores, pues la mayoría de los docentes —en mi experiencia— tienen la docencia como trabajo secundario o la ejercen junto a otras actividades que ellos priorizan. En resumen, el grupo de académicos investigadores está compuesto por aquellos que tienen como principal actividad una carrera dentro de la academia.


En mi experiencia, los miembros de este círculo no tienen apellidos que indiquen —a priori— un origen indígena. Cortez, Uberhuaga, Ledo, León, Hoffman, Peres, Saravia, Aillón, entre otros, son apellidos con los que me he cruzado en este círculo. Nunca —al menos, yo no— he leído o visto un académico investigador Condori, Mamani, Quispe, Ajhuacho... Probablemente esta postura solo sea resultado de mi desconocimiento en el campo académico, pero he compartido esta misma inquietud con algunos amigos universitarios y me reafirman esta postura.


Parecería no haber —o al menos habrá pocos— académicos investigadores de origen indígena. ¿Por qué? No lo sé. Dudo seriamente que exista algún sesgo en la selección de los integrantes del círculo. Al menos en mi experiencia, no he tenido más que buenas relaciones y aliento para el aprendizaje por parte de los académicos investigadores. Sin embargo, esta observación en la que insisto podría tener otras razones.


El artículo sobre las Fuerzas Armadas señala las limitaciones económicas de la población indígena como una de las razones que explican la falta de inclusión en este círculo; quizá lo mismo ocurre en los círculos académicos. Seguir una carrera académica requiere tiempo de estudio y dinero para sostener la formación requerida: cinco años de pregrado, dos de maestría, cinco de doctorado y uno de posdoctorado. Al menos siete años de estudio son necesarios para ingresar a este círculo, sin mencionar la necesaria participación en congresos —en su mayoría internacionales— y la exigencia de publicar artículos científicos de forma constante —trabajo arduo y rara vez remunerado—. En mi vida profesional he contemplado la opción de entrar en el sector de las Ciencias Sociales en algunas ocasiones, pero los recursos que implica tal formación requieren obtener una beca o financiar los estudios de tu bolsillo —o el de tu familia—, algo inalcanzable para muchos, para mí, por ejemplo.


Seguramente hay múltiples factores más allá de los económicos para la falta de población indígena en los círculos académicos investigadores en las universidades de nuestro país, pero no sé cuáles. Además, también desconozco si hay otros espacios en los que ocurre un fenómeno similar. Ciertamente necesitamos una investigación al respecto; quizá algún futuro académico indígena podría dirigirla.


[1] Artículo disponible en línea en: https://eju.tv/2010/04/futuros-generales-indgenas/

[2] Para ello recomiendo ampliamente el ensayo “¿Interculturalidad en las Fuerzas Armadas?” de G. Mauricio Martín Linares Valdéz.

 
 
 

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