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Mi hermano boliviano y yo tuvimos diferentes padres.

anteojospoliticos
26 oct 2024
4 min de lectura

Imagen de Chatgpt al pedirle una Bolivia contradictoria


Por: M. Ajhuacho


Unos meses atrás, en una charla que tuve con mi tío, haciendo un repaso familiar, me dijo la siguiente frase: “Tú tío y yo tuvimos diferentes padres”. Lo que esta frase quería connotar era que sus padres —mis abuelos— habían sufrido cambios en su actitud, valores y acciones a lo largo de la vida; cambios tan radicales que probablemente todos mis tíos tuvieron diferentes padres, ya que los conocieron en distintos momentos vitales. Cualquiera que tenga hermanos entenderá que la relación de los padres con los hijos es diferente en cada caso. En general, los padres suelen ser más estrictos con los hermanos mayores que con los menores, quizás por el nivel de experiencia en la paternidad que adquieren con el tiempo. A veces, el cambio de padres ocurre por el contexto económico y social en que los conoces; algunos hermanos los conocen casados y el siguiente los conoce divorciados, algunos los conocen en la opulencia y otros en la escasez. En síntesis, cada hijo puede tener una concepción diferente de los mismos padres y ninguno está equivocado; las personas cambian y las relaciones se transforman. Mis tíos tuvieron diferentes padres, aunque se trate de las mismas personas.

 

¡Hermano boliviano, probablemente tú y yo conocimos diferentes padres!

 

Entendiendo que nuestro padre —o madre— puede ser una representación de nuestro país y de cómo lo conocemos, ¿qué cara nos ha mostrado y qué parte han conocido nuestros otros hermanos?

 

Yo conozco la Bolivia de la clase media, de las pequeñas ciudades y la educación pública. La Bolivia de las familias que migran a las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades, dejando de lado lo que conocen para adaptarse a nuevas vidas; la Bolivia de los nuevos citadinos. La Bolivia privilegiada, en cierto modo, de poder estudiar y, aún más, estudiar sin trabajar. La Bolivia de k’oar los primeros viernes e ir a misa los domingos, de viajar a otras ciudades y siempre retornar a casa. Conozco la Bolivia que privilegia a sus hijos varones por serlo, pero también la Bolivia que se ríe de sus hijos por el origen de sus apellidos.

 

No conozco la Bolivia del campo, de quienes trabajan de sol a sol y viven con los recursos justos para el día. No conozco la Bolivia del oriente, de los bosques que se queman y de quienes pierden todo diariamente. No conozco la Bolivia que siente miedo de salir a la calle por ser mujer, ni la Bolivia presa de un sistema judicial injusto. No conozco la Bolivia que sale a marchar por una causa, ni la Bolivia de los bloqueos para contrarrestar otros bloqueos.

 

Tampoco conozco la Bolivia que viaja al extranjero en vacaciones y se la pasa “re” bien en los boliches de la calle América en Cochabamba. No conozco la Bolivia de los contactos, ni de los almuerzos en Calacoto. No conozco la Bolivia que se fue a Punta Cana de viaje de promoción, ni la que se va a la MADNESS cada carnaval. No conozco la Bolivia que baila en San Simón, pero estudia en una universidad privada.

 

Hay tantas Bolivias que no conozco, porque, hermano boliviano, mi madre patria fue de una forma conmigo que quizás tú no conozcas, y seguro que tú conoces otra parte de ella que yo no conozco. Entonces, cuando decimos “mi Bolivia”, ¿hablamos de la misma Bolivia?

 

Un tiempo atrás, tuve un almuerzo con una amiga boliviana y otra amiga extranjera. Eventualmente, la pregunta surgió: ¿Cómo es Bolivia? De las miles de cosas que pudimos decir, mi amiga boliviana y yo decidimos contar cómo eran nuestros desayunos: “Son escuetos”, dije yo; “una taza de té o café y un pan con mermelada o mantequilla, solamente”. Mi amiga boliviana me miró extrañada y rectificó por mí: “Son suntuosos”, dijo ella; “café con un plato de huevo, chorizo, plátano frito y su porción de arroz, todo acompañado de un pan y su llajuita”. ¿Cómo es un desayuno boliviano? A partir de ese punto comenzamos a hacer más descripciones de nuestro país y casi en todas diferíamos. Si para ella Bolivia era verde bosque, para mí era café desierto; si para ella la gente era extrovertida, para mí era tímida. “¡Aj! No pareces boliviano”, me dijo mi amiga boliviana finalmente, luego de tanta contradicción. ¿Soy boliviano? ¿Ella es boliviana? ¿Qué es ser boliviano?

 

Luego de tantas preguntas, me di cuenta de que mi amiga boliviana y yo conocemos diferentes Bolivias. ¿Cuál es la Bolivia correcta, entonces? ¿Nuestros desayunos son escuetos o suntuosos? Ambos, responderá rápidamente el boliviano que lleva la diversidad de su país como bandera, pero esa respuesta, aunque cierta, me parece que zanja la discusión escapando a la reflexión.

 

En realidad, creo que no importa cuál es la Bolivia que uno conoce; lo importante es reconocer que hay más Bolivias que no conoces y que esas también son Bolivia. Hay tantas Bolivias que sé que no conozco y seguro que hay miles más que no sé qué desconozco. No importa que mi Bolivia sea diferente a la tuya, pero no podemos negar que todas son Bolivia. Aunque no parezca boliviano a tus ojos, lo soy; y aunque no conozcas mi Bolivia, es Bolivia. Quizá teniendo esto en mente podemos tratar de entender que no entendemos -y quizá, nunca entendamos- las descripciones de la realidad que otros nos hacen, pero que están allí, siempre han estado allí. Bolivia esta en las aulas de la UPB y en las aulas de la U.E. Huajara II, en las fiestas de pueblo y en el Alice Park de Cochabamba. Perdón si solo hablo del occidente del país, pero es la Bolivia que yo conozco.

 

Al igual que mis tíos tuvieron diferentes padres y aun así fueron criados por las mismas personas, hermano boliviano, nosotros conocimos diferentes Bolivias, pero aun así es la misma Bolivia. Cuéntame ¿cuál es tu Bolivia?

 

PD: El verdadero desayuno boliviano es escueto, ¿verdad?

 
 
 

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